Precios, alimentos y energía: administración del comercio y el óptimo económico

El actual desaprovechamiento de los recursos productivos debido a la incompleta utilización de los factores convierten a la Argentina en una “economía subóptima”, una denominación que preferimos a  a las alternativas “economía en vías de desarrollo”, “periféricas” o “emergentes”.

En este contexto, alcanzar el “óptimo” es una obligación gubernamental que solo será posible mediante políticas públicas diseñadas y ejecutadas para el aprovechamiento del conjunto, tendientes a expandir la base material de la Nación, con un sólido intercambio comercial con el resto del mundo. Consideramos “óptimo económico” a la máxima producción con la mínima utilización de factores, mientras “subóptimo” es el estadío anterior a su realización, todo ello en el marco de un mismo “estado del arte

Para ello, deberán coordinarse las múltiples decisiones empresariales (orientadas por el set de precios relativos) vinculadas a los bienes y servicios ofertados en el mercado.

En este marco, detallamos en: “Una “sana” Administración del Comercio Exterior” (BAE Negocios, 25-01-21) que su implementación es el instrumento adecuado que posibilitará a las empresas nacionalesiv su hegemonía en el mercado interno, y facilitará la penetración en los externos.

Por cierto, hay dos complejos donde se debe aguzar la mirada: el energético y un segmento del alimenticio ya que, poseen la singularidad en su comercialización de: abastecer el mercado, generando rentas extraordinarias para un eslabón de la cadena de valor.

Coordinar la búsqueda del óptimo

Esas explotaciones son fundamentales para expandir la frontera de producción nacional ya que, para el “caso energético”, la extensión territorial argentina y su distancia a los mayores mercados del mundo, hace que las empresas deban incurrir en elevados costos logísticos para comercializar los bienes transables.

Por lo tanto, su valor será uno de los determinantes del crecimiento potencial de la economía argentina, debiendo su precio (igual o inferior al de los mercados de referencia) ser una función del costo de exploración y explotación, más un margen justo y razonable para las empresas del sector, de tal manera que también se favorezca la rentabilidad del resto del aparato productivo facilitando los proyectos de inversión que incrementarán la oferta disponible.

A su vez, los “bienes salarios” (algunos alimentos), de calidad homogénea y con precios determinados internacionalmente (con un costo para el productor local que incluye el alquiler de la tierra) definen el poder adquisitivo de los ingresos populares.

Es por ello que, en “Arrendamientos rurales en la Pampa Húmeda” (BAE Negocios, 20-09-20) señalamos que la renta por el uso y el goce de la tierra debe regularse y complementarse con Derechos de Exportación (DE), que disminuirán el precio local de los alimentos respecto del internacional en un quantum similar a la alícuota aplicada.

Es importante poner de relieve que el productor mantendrá invariable la rentabilidad por unidad vendida, dado que el menor ingreso percibido será compensando por la merma del costo del alquiler de la tierra (a partir de su regulación) y por la disminución del precio del combustible.

Finalmente, para cada unidad de producción se debe resaltar que:  “La dedicación particular en aras de la realización colectiva antepone la solidaridad al propio beneficio ya que, el total de lo recibido al final del camino será superior al máximo esfuerzo posible involucrado en su logro”.

Coordinando decisiones viviremos en comunidad y armonía.

La correcta articulación intra-comunidad deviene del respeto inalienable hacia la propiedad privada, comprendiendo a su vez, la función social de los bienes y servicios que circulan dentro el espacio público.

Por ello, hay consenso en la disciplina económica sobre la eficiencia del sistema capitalista en la producción de bienes y servicios, pero a la luz de la historia y del presente, dicho marco conceptual se ha mostrado ineficaz en su faz distributiva. En “Los últimos podrán ser los primeros” (BAE Negocios, 03-01-2021) pusimos de manifiesto: “la impúdica diferencia de 433.233% entre el ingreso mínimo del primer decil y el máximo del último” que impide satisfacer las necesidades básicas a un importante segmento de la población.

La coordinación de las decisiones intersectoriales permitirá mejorar la distribución del ingreso, avanzar hacia el pleno empleo y transitar hacia el óptimo económico.  Ahora bien, el sendero a recorrer no está libre de escollos.

Todos sabemos que ciertos países y/o grupos económicos buscan asegurarse el abastecimiento de los principales insumos difundidos, generando una tensión permanente sobre las señales de precios.

En un modelo sencillo de dos naciones, la más productiva (con costos primos menores) puede provocar un incremento del precio del bien requerido, perjudicando el abasto normal de la otra.

Esta última, tomadora de precio, para garantizarse el suministro deberá pagar más por la importación o ver afectado (dada su posible escasez) su entramado productivo-social con una menor actividad.

Es evidente que esta situación se podría paliar ofreciendo subsidios, ad hoc, al sector impactado.  Los fondos necesarios para soportar los subsidios se podrán obtener aplicando Derechos de Exportación a la producción que genere rentas extraordinarias.

En síntesis, las economías que tienden al óptimo intentan utilizar en plenitud los factores de producción (tierra, capital, trabajo, y organización empresarial) dentro de un conjunto de precios relativos favorables a su estructura económica, con el fin de mantenerse en la “zona de confort” alcanzada.

La “sana” Administración del Comercio propenderá a corregir estas asimetrías en la economía doméstica, permitiendo con su aplicación la vigencia de un Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (MoDEPyS) con orientación a la producción.

Lic. Guillermo Moreno, Lic. Leandro Cárcamo Manna y Dr. Gastón Bres Publicado en BAE Negocios el 31-01-2021

Una “sana” administración del comercio exterior

Oportunamente en “Un Modelo de Desarrollo Económico-Segunda Parte” destacábamos:  “…la política económica tiene que direccionarse para conseguir como objetivo clave un superávit de Balanza Comercial (BC) que, en orden de magnitud, presente un piso de USD 15.000 millones”.

Necesario, para garantizar la obtención de las divisas suficientes tendientes a saldar los compromisos externos asumidos y, a su vez, compensar el signo negativo del resto de los componentes de la Cuenta Corriente (CC) de la Balanza de Pagos . 

 Integran la Cuenta Corriente (CC) las denominadas: Balanza Comercial (BC) diferencia entre el cobro y el pago de exportaciones e importaciones de bienes; Balanza de Servicios (BS) saldos entre ingresos y egresos monetarios generados por seguros, fletes, turismo, aplicaciones informáticas y otros; Balanza de Transferencias Unilaterales (BTU) remesas, donaciones o ayudas monetarias a no residentes y Balanza de Rentas (BR) que recoge todos los ingresos y egresos generados por los factores productivos nacionales en el exterior, o de sus titulares no residentes en nuestro país

Para obtenerlo se deben utilizar, entre otros, los siguientes instrumentos:  

  • Un Tipo de Cambio Competitivo (TCC), que permita un incremento de la productividad de la economía vis a vis terceros mercados y,
  • Una “sana” Administración del Comercio Exterior (ACE) que facilite a las empresas locales la hegemonía en el mercado interno, la penetración en los externos y la generación del empleo doméstico.

TCC y ACE constituyen el “anverso y el reverso de una misma moneda” y de la cabal comprensión de esta “unidad” dependerá el “impacto virtuoso” de la aplicación de ambos instrumentos. 

En momentos de tanta confusión y utilización errática de herramientas de política económica por parte del actual oficialismo, se vuelve imprescindible un debate transparente, responsable y con honestidad intelectual de los actores económicos involucrados, de cara al porvenir.

En este marco, repasemos en términos de comercio exterior lo acontecido el año que acaba de terminar.         

La Balanza Comercial en el 2020 

La mayor parte del año próximo pasado transcurrió con una originalidad que resaltamos en “La Economía en la Post Pandemia”  ya que: “una ingente porción de las exportaciones realizadas no fue “liquidadas” en el Banco Central de la República Argentina (BCRA)”.

A pesar de ello el saldo comercial, desde el concepto de “devengado” , lucía razonablemente robusto.  

Ahora bien en el último trimestre, el mensurado superávit “en volumen” se redujo notablemente para los meses de septiembre, octubre y noviembre, como se observa en el siguiente gráfico. 

En un primer análisis de los guarismos observados se verifica que, la proyección del último trimestre en un año calendario, invalida (inclusive contemplando el aumento en el precio de los commodities de exportación) cualquier posibilidad de renegociación de la deuda contraída con el Fondo Monetario Internacional (FMI), como así también el cumplimiento de lo acordado con los acreedores privados.

Es evidente que dado el actual contexto macroeconómico, la restricción externa emerge con toda su voluptuosidad ni bien algunos sectores productivos recuperan mínimos niveles de actividad. 

Ante esta palmaria correlación, solo resta: fracasar o intentar cambiar.  

¡¡¡Procuremos genuinamente los dólares!!!

En “Sobre Modelos, Planes, Programas y Proyectos en Economía” ubicamos la “dupla” TCC y “sana” ACE entre los aspectos centrales del modelo a desarrollar.

Con respecto a este último vector, el adjetivo “sana” refiere a decisiones eficaces, transparentes y consensuadas con las Cámaras Empresariales y los respectivos Sindicatos de modo de poder planificar la oferta productiva, cuidar el trabajo ad intra y generar las imprescindibles divisas.      

 Las “Mesas Sectoriales” serían elementos constitutivos de la administración comercial que propugnamos:

  • las del Sector Primario: cereales (trigo y maíz) y la cárnica (bovina, porcina y avícola). En ambas, se determinará el saldo exportable periodo a periodo, a partir de haberse estimado la producción y el consumo interno, con el objetivo de planificar el “negocio exportador”.   El consumo interno de Trigo orilla los 7 M/Tn anuales (incluidas las 500.000 toneladas de semillas para la próxima cosecha), de Maíz 25 M/Tn anuales (contemplando 10 M/Tn de autoconsumo, y 15 M/Tn de alimento familiar y animal) y de Carne, de todo tipo, 120 Kilos per cápita anual. 
  • la del Sector Industrial: que contemplará maximizar la utilización de la capacidad instalada en todas las ramas y procurará una “Inserción Internacional Inteligente” con un dinámico abastecimiento del mercado interno.   

Sí “gobernar es crear trabajo” la “sana” Administración del Comercio Exterior apunta a ello y emerge como un pilar imprescindible en la implementación de un Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (MoDEPyS) orientado a la producción. 

*  Lic. Guillermo Moreno, Lic. Pablo Challú y Lic. Walter Romero Publicado en BAE Negocios el 24-01-2021

Gasto público, recaudación e impuestos: el tamaño importa

Para una correcta interpretación y una pertinaz prognosis en derredor de la economía argentina, es conveniente segmentar en tres espacios ad hoci el aparato productivo:

  • el Sector Público: como recipiendario de las decisiones políticas establecidas por el oficialismo de turno,
  • el Sector Privado: ya que es el “sujeto esencial” del “hecho económico” y,
  • el Sector Externo: en tanto contabiliza las relaciones económicas y financieras entre los residentes y el resto del mundo.

La correcta administración de la “cosa pública” tendiendo al bien común debe procurar una armonía intersectorial que permita el cumplimiento de los objetivos superiores de la Patria.

Para ello el Sector Público en su función orientadora concertará, a grandes trazos, la conducta de los agentes económicos en un determinado “estado del arte”,  que comprende: conocimiento, tecnología, marcos regulatorios, etc.

En este marco, el gasto público y su financiamiento (con su correlato de superávit, equilibrio o déficit fiscal), deberían ser funcionales, a partir de una correcta planificación de los actos de gobierno sobre los objetivos deseados.

La política de ingresos públicos debe visualizarse como la justa contribución para el desarrollo económico, expulsando la noción del impuesto como una succión de los ingresos a las personas, humanas o jurídicas; logrando que el segmento perteneciente al Sector Privado, dentro de la actividad económica, aumente su participación y revierta así la dinámica decreciente de los últimos años.

En síntesis, “siendo el todo superior a las partes”, sólo el funcionamiento equilibrado entre los sectores ut supra señalados, garantizará que las empresas obtengan la adecuada rentabilidad y las familias el necesario bienestar.


Hoy, el sector público, ¿facilita esa interacción?

La búsqueda del equilibrio entre el gasto púbico (corriente y no corriente) y la recaudación impositiva es un imperativo de la hora.

A pesar de que el año 2020 nos dejó un tendal de modificaciones en materia tributaria, donde se destacan incrementos de las alícuotas o la creación de nuevas gabelas, como lo detalláramos en “Gobernar es: ¿crear impuestos o trabajo?” (BAE Negocios, 07/12/2020), el actual oficialismo no consiguió el balance necesario.

Por el contrario, de manera contraproducente, deterioró la “tasa interna de retorno” del capital productivo.

Como sabemos, la rentabilidad de las empresas tiene como punto de partida, el cálculo del margen bruto, que representa la brecha necesaria para absorber los costos fijos y variables de toda la actividad, estando incluido:

  • sueldos y salarios, con sus respectivos aportes y contribuciones
  • depreciaciones y amortizaciones
  • intereses financieros netos
  • energía
  • impuestos y,
  • honorarios, entre otros cargos al resultado.


Todo ello, con una planificación periódica que debe considerar prioritariamente, un presupuesto que contenga no sólo la concreción presente de sus negocios, sino también, su proyección en el tiempo para garantizar el concepto de “empresa en marcha”.

Sin inversión del sector privado no hay destino realizable, hoy en día, los quebrantos empresarios son tales que llevan a una instancia en donde ni siquiera es posible la reposición del capital.

Naturalmente, este esquema donde se pretende suplantar la actividad del sector privado a través del aumento de la participación del sector público en la economía no es viable, ya que sólo la expansión del tejido productivo generará los ingresos que faciliten su financiamiento.

Ni muy grande ni muy chico…

Como dice el saber popular, el tamaño debe ser el adecuado. La recaudación fiscal debe asegurar el cumplimiento de los compromisos del Sector Público, en sus distintos niveles, comprendiendo que el Sector Privado no puede enfrentar mayores tasas de imposición o la creación de nuevos gravámenes, dada la escuálida rentabilidad empresarial y que el nivel de precios de los bienes y servicios que se ofertan en el mercado no admiten más tributos.

Para cambiar ello, es imperioso arribar al equilibrio macroeconómico que brinde certeza al conjunto social. Así como señaláramos en “El objetivo es la producción” ” deben ser tomadas las decisiones de política económica para volver a concretar los “superávits gemelos”, que desencadenarán el proceso en donde el Sector Privado, “hará el resto”.

Exportaciones, retenciones y ley de arrendamiento

El actual desequilibrio fiscal se solucionará con el cobro de Derechos de Exportación, y una nueva Ley de Arrendamiento para la pampa húmeda, que grave, no lo producido sino, la renta extraordinaria por la tenencia de la tierra.

Este equilibrio fiscal generará un horizonte de certidumbre que incentivará al actual ahorro privado en moneda dura (los “argendólares”) a que se vuelquen a la inversión.

Incorporando estos activos, se acelerará el proceso de crecimiento, que se computará como Inversión Extranjera Directa, favoreciendo el desarrollo de la base material de la Nación.

El desarrollo y crecimiento de los negocios, en un entorno tecnológico conveniente, incrementará la masa salarial dinamizando el mercado interno, al tiempo que los trabajadores aumentarán su participación en la formación del ahorro nacional, financiando la inversión para el crecimiento económico coadyuvando a una potente disminución de la pobreza e indigencia.

El Sector Externo debería ser analizado bajo el criterio de “inserción internacional inteligente” donde los insumos y bienes finales argentinos penetren, a escala mundial, en las distintas cadenas de valor.

En este marco, una Balanza Comercial favorable es indispensable para equilibrar la Cuenta Corriente de la Balanza de Pago.

Solo los dólares genuinos del comercio exterior permitirán aumentar los “grados de libertad” de la totalidad del entramado económico.

Por eso, se debería incrementar y diversificar el destino de las exportaciones, como tambien orientar las importaciones desde el resto del mundo, a través de un Tipo de Cambio Competitivo y de una “sana” Administración del Comercio Exterior.

Finalmente, los vectores correspondientes a la exportación y a la inversión alcanzarán su máxima dimensión con un Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (MoDEPyS), con orientación a la producción.

* Lic. Guillermo Moreno, Lic. Leandro Cárcamo Manna y Dr. Gastón Bres Publicado en BAE Negocios el 17-01-2021

Campo, dólares e inversión: el objetivo es la producción

En “Hora de Balance-Segunda Parte” analizamos la necesidad de que el imprescindible nuevo Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (MoDEPyS) a plasmar en Argentina, sea con “orientación a la producción”.

Si bien es cierto que el ciclo virtuoso que abarca del 2002 a 2012/13 estuvo signado por la orientación al consumo, también lo es que las condiciones de contexto eran diametralmente diferentes a las presentes.

En aquel entonces, la vocación inversora del sector privado encontraba “sentido y dirección” puesto que la escena macroeconómica estaba dominada por los llamados “superávits gemelos”, a saber:

el Superávit Fiscal Primario (SFP), que aumentaba los “grados de libertad” al funcionamiento del Sector Público y alcanzaba una envergadura tal que, entre otros elementos, facilitó y dio consistencia a la propuesta de renegociación de la deuda en default y, el Superávit de la Balanza Comercial (SBC), que lograba compensar los saldos negativos, de los otros componentes de la Cuenta Corriente (CC) de la Balanza de Pagos.

Hay que tener en cuenta que integran la Cuenta Corriente (CC) las denominadas: Balanza Comercial (BC) diferencia entre el cobro y el pago de exportaciones e importaciones de bienes; Balanza de Servicios (BS) saldos entre ingresos y egresos monetarios generados por seguros, fletes, turismo, aplicaciones informáticas y otros; Balanza de Transferencias Unilaterales (BTU) remesas, donaciones o ayudas monetarias a no residentes y Balanza de Rentas (BR) que recoge todos los ingresos y egresos generados por los factores productivos nacionales en el exterior, o de sus titulares no residentes en nuestro país.

Ancla fiscal y exportaciones

En este marco, el “ancla fiscal” y el incremento de las exportaciones generaron una variación positiva de las existencias y un aumento en la utilización de la capacidad instalada.  Dadas las expectativas empresariales adaptativas, al aumentar las ventas se incrementan los stocks

Posteriormente, se tomaron medidas que incentivaron el consumo interno a partir de las mejoras en los sueldos, salarios, jubilaciones y pensiones.

En síntesis, el Poder Ejecutivo “haciendo lo que debía hacer” obtuvo los equilibrios macroeconómicos y generó los pilares de sustentación sobre los cuales se asentó el sector privado para “poner en valor” su plena vocación inversora.

Sin inversión del sector privado, no hay destino

Generadas las “condiciones macroeconómicas” es necesario tracto sucesivo, facilitar la rentabilidad de los proyectos de inversión disminuyendo dos “costos relevantes”:

  • el del capital, a partir de una baja substancial de la tasa de interés real que debe alinearse indispensablemente con la internacional, para que la evaluación del proyecto obtenga el grado de implementación y,
  • el energético, procurando que sus precios y/o tarifas de comercialización se ubiquen en función de sus costos totales (exploración y explotación, en caso de corresponder) y un margen justo y razonable de beneficio para quien la produce o genera.

Y a su vez, concomitantemente con lo ut supra señalado, es necesario que el “crecimiento de la oferta” que se producirá, se realice (venda) abasteciendo la “demanda insatisfecha creciente” derivada de:

  • el incremento del poder adquisitivo de los ingresos populares ocasionados por la disminución proporcional del precio de los alimentos básicos (mediante la implementación de los Derechos de Exportación a los commodities y una nueva Ley de Arrendamientos Rurales en la Pampa Húmeda)iv y la baja del gasto en las tarifas de los servicios públicos incurrido por las familias y,
  • una “sana” Administración del Comercio Exterior que facilite a las empresas locales la hegemonía en el mercado doméstico y las potencie a penetrar en los externos.

Hay que hacer… lo que se debe hacer

No es una tautología lo afirmado, remite a algunas decisiones de política económica (búsqueda y concreción de los “superávits gemelos”) que necesariamente deben ser tomadas. Pues luego serán las que desencadenen y den sustento al proceso expuesto, siendo los actores económicos del sector privado (desde sus respectivas “incumbencias”) los que “harán el resto”.

Si esto fuera así, podrían volcarse a la inversión productiva los activos dolarizados de los argentinos (tanto los “argendólares”, como los existentes en el exterior), por una cuantía que en términos netos orillan los U$S 370.000 M,  monto que surge de restarle a los aproximadamente U$S 440.000 M de tenencia de activos en divisas (tanto en el exterior como los atesorados en el país) del sector privado, su deuda (U$S 70.000M) con el resto del mundo.

En este marco, decíamos al respecto en “Dolarizar no, Argendólares si” BAE Negocios (9/11/2020): “el horizonte de certidumbre, combinado con el ahorro privado nacional en moneda extranjera, son la potencia latente de la economía argentina”. Conseguirlo depende de la real comprensión que tenga el actual oficialismo de la coyuntura.

Como ya hemos mencionado en “Ay Patria Mia” BAE negocios (5/10/2020) el “entorno productivo” oscila entre la depresión y la anomia; cualquiera de los dos estadios pone en peligro su continuidad.

Estas circunstancias si son precisamente mensuradas, evitarán poner como centro del análisis el “destino individual” por encima del comunitario. La implementación de una “correcta técnica económica” allanará el camino que desviará del temido desenlace; como afirmamos en “Tiempo de Balance-Primera Parte” : “este sombrío destino no es inexorable, ni podemos ser presas de un fatalismo que nos paralice”.

Por lo tanto, es imperioso generar las condiciones para una Argentina en donde la “Demanda por Inversión del Sector Privado” sea, por décadas, la que otorgue continuidad al Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (MoDEPyS) orientado a la producción.

Lic. Guillermo Moreno, Lic. Pablo Challu y Lic. Walter Romero Publicado en BAE Negocios el 10-01-2021

Los últimos podrán ser los primeros

La distribución del ingreso refleja la apropiación del valor agregado generado en la economía por un segmento de personas, clasificadas en grupos decílicos.

Su estudio se realiza a partir de los siguientes enfoques:

  • el funcional, que es la proporción que le corresponde a cada uno de los factores clásicos de producción, tierra, capital y trabajo, así como,
  • el personal, calculado a partir de lo obtenido por una fracción de individuos o familias, sin identificar la fuente generadora.

Su cálculo es realizado por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) a través de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH).

Los datos correspondientes al tercer trimestre del 2020 se observan en el Cuadro construido a partir de las siguientes fuentes:

  • laborales (asalariados, patrones, cuenta propia, según su ocupación sea principal, secundaria y/u otras) o,
  • no laborales (rentas de la propiedad derivadas de la producción, inversiones financieras, jubilaciones, pensiones, subsidios y otras transferencias).

Distribución Personal del Ingreso III Trimestre ’20, por deciles en $ y U$S (Oficial y Blue)

Al igual que otros indicadores económicos (por ej., el Producto Bruto Interno, PBI) existe certeza respecto del ingreso valuado en pesos, pero dependiendo del tipo de cambio considerado queda un valor indeterminado en moneda dura.

El Cuadro manifiesta la impúdica diferencia de 433.233% entre el ingreso mínimo del primer decil y el máximo del último.

Esta discrepancia es aún más relevante, ya que los beneficiados con mayores ingresos tienden a sub declarar parte de ellos.

Adicionalmente, en septiembre ’20, adquirir la Canasta Básica Total (CBT) (que define la Línea de Pobreza, LP) para un adulto requería $15.280, cercano al mínimo del IV decil, mientras que, para un jefe de familia, con dos hijos, precisaba $ 47.216, proxi al mínimo del IX decil.

Por lo tanto, la transformación del estado actual de las cosas es imperativa para la construcción de una comunidad justa.

A multiplicar los panes y los peces

Como explicáramos en “Producir más y distribuir mejor” (05-07-2020, BAE Negocios), producir y distribuir: son el anverso y el reverso de una misma moneda.

Los ingresos disponibles en una economía son el resultado de la utilización productiva del capital (maquinarias, herramientas, equipos e instalaciones, entre otros) de los recursos naturales y del trabajo (asalariado o no asalariado) en un “estado del arte” determinado: conocimiento, tecnología, marcos regulatorios, etc.

Señalado lo ut supra, es necesario clarificar que el Sector Privado argentino posee inversiones en el exterior (por divisas, acciones, propiedades y otros), por un neto de U$S 370.000 millones. Por el contrario, la deuda neta exigible para el Sector Público orilla los U$S 160.000 millones.

Por lo tanto, si la Nación Argentina fuese la integración de lo público y privado, dispondría de suficientes capitales en divisas para generar las condiciones de desarrollo que eviten los actuales niveles escabrosos de desocupación, pobreza e indigencia.

Es evidente que alcanzar “ese logro”, deviene de la construcción de una economía sana, que posibilite una rentabilidad presente y futura de los emprendimientos productivos, utilizando los recursos ociosos tendiendo a su pleno empleo.

Como señalamos en “Hora de balance, segunda parte” (28-12-20, BAE Negocios) para mejorar e incrementar la oferta productiva es necesario, entre otros que:

  • se materialicen los equilibrios macroeconómicos: fiscal y externo
  • los precios de la matriz energética sean la resultante de los costos efectivos totales (exploración y/o explotación, en el caso de corresponder) más una ganancia razonable para el sector empresario y,
  • la tasa de interés doméstica se encuentre en un orden de magnitud similar a la internacional.

A los trabajadores, ¡ingresos justos!

Que el aparato productivo no solo necesita crecer aceleradamente, sino que debe tender al desarrollo, ha alcanzado consenso en la disciplina.

Se comprendió que el desarrollo económico, a diferencia del crecimiento, implica la inclusión del conjunto para satisfacer las aspiraciones legítimas de la comunidad.

Por ello, es indispensable disminuir estas oprobiosas diferencias entre los niveles de ingresos.

Eso implica generar mecanismos que permitan mejorar los deciles más bajos, y así contribuir a afianzar su realización individual y comunitaria.

Para ello se podría estimular que los trabajadores y empleados, a partir de un ahorro inicial y a través de sus organizaciones representativas de primer y segundo orden (sindicatos, uniones, y federaciones) participen del mercado de capitales (transando acciones) y recibiendo los correspondientes dividendos que, por cierto, se adicionarán como una renta a los sueldos y salarios percibidos durante el año.

En tanto, la de tercer orden (Confederación General del Trabajo, CGT) será partícipe de una porción de las acciones en poder del Sector Público, incluida la principal empresa del país, YPF.

Como contrapartida, las empresas obtendrán abundante financiamiento para sus proyectos de inversión tendientes a ampliar su capacidad productiva.

Finalmente, sólo en el marco de un Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (MoDEPyS), con orientación a la producción, los últimos y los primeros vivirán en armonía, de acuerdo con sus necesidades esenciales y sus esfuerzos.

*Por Lic. Guillermo Moreno, Lic. Leandro Cárcamo Manna y Dr. Gastón Bres Publicado en BAE Negocios el 03-01-2021