Inflación argentina: qué hacer para ubicarla en los estándares internacionales

Argentine money, a background

La inflación, entendida como el aumento sostenido y generalizado de precios, es una de las principales perturbaciones de la economía argentina.

Así lo demuestra, el nuevo Índice de Precios al Consumidor (IPC) de enero ’21 que alcanzó el 4% de variación, y que proyectado anualmente equivale al 60%.  El Índice de Precios al Consumidor (IPC) calculado por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censo (INDEC) mide la variación de precios mensuales (con relevamiento presencial, telefónico u online) de una canasta fija de bienes y servicios desarrollada a partir de la Encuesta Nacional de Gasto de los Hogares (ENGHo) 2004/05

Su impacto inmediato, entre otros, es:

  • el deterioro de los Ingresos Populares (IP): sueldos, salarios, jubilaciones, pensiones y asignaciones,
  • la dificultad del análisis de factibilidad de los proyectos de inversión,
  • la distorsión generada en los Estados Contables de las sociedades y,
  • el diferencial de apropiación del excedente generado, según la envergadura de los actores involucrados, al interior de la cadena de productiva.

 En este marco, analizar sus determinantes para definir las políticas que tiendan a ubicarla dentro de los estándares internacionales (del 1% al 3% anual) se convierte en una obligación irrenunciable.

Primero… hay que saber diagnosticar

Como ejemplificáramos en ”Les hablé con el corazón, me contestaron con el bolsillo” (04/03/18, BAE Negocios)si se intercambian solo dos bienes, en una economía de trueque, la escasez de alguno de ellos requerirá una mayor cantidad del otro para adquirirlo, esto implicará una modificación de los valores relativos.

Al incorporar el dinero, como facilitador de las transacciones, puede suceder que “uno” de los bienes aumente su precio al margen de lo acontecido con el “otro”.

Por lo tanto, es hasta obvio, que sin moneda fiduciaria no habría inflación.

De allí, que alguna “escuela” de la disciplina sostenga que: “la inflación es siempre y en todo lugar, un fenómeno monetario” (Friedman, Milton y Schwartz, Anna (1963) “Historia monetaria de los Estados Unidos, 1867-1960”)

Una afirmación correcta, pero sólo en aquel imaginario momento “donde estaremos todos muertos” (Keynes, John Maynard (1923) “Ensayo sobre la reforma monetaria”): el largo plazo.

Ahora bien, en el horizonte cercano “donde estamos todos vivos”, existen diversas explicaciones para el fenómeno inflacionario:

  • por exceso de demanda (ya sea gasto privado, público o externo) que tiende a expandirse más allá de la frontera de producción, “recalentando” el aparato productivo.
  • por incremento de los costos totales por unidad vendida. Explicado tanto por los costos variables incurridos: materia prima, mano de obra y energía plus, tipo de cambio (al impactar sobre las amortizaciones o insumos importados) etc., como por el desplazamiento positivo de la proporción de los costos fijos sobre los bienes producidos cuando disminuye la cantidad total de unidades comercializadas.
  • por expansión de la oferta monetaria expresada, con claridad, en la teoría cuantitativa del dinero. Las transacciones de bienes y servicios (T) a un precio promedio ponderado (P), necesitan de una cantidad de medios de pagos (M) que circula de persona en persona (humana o jurídica) a una determinada velocidad (V).  Así se formula la siguiente ecuación: 
  •                  P x T =   M x V   
  • Como las transacciones y la velocidad de circulación suelen ser estables, en el corto plazo, el incremento de la emisión que impacta en M se trasladará (al mantenerse la identidad) a P.
  •  por estructura productiva, cuando una empresa con participación relevante en un determinado sector alcanza su límite de capacidad y opta por aumentar el precio de venta en vez de ajustar por cantidad (incremento de inversión), la decisión, se trasladará “aguas abajo”, hacia toda la cadena involucrada

La interacción simultánea o secuencial de las causales ut supra mencionadas, dieron por resultado (desde la década del ’60) una Argentina donde la inflación emerge como el indicador de una estructura económica en permanente tensión, y alejada de su tasa de crecimiento potencial.

Después… planificar y ejecutar  

Como señalamos oportunamente en ”Impuesto “inflacionario” y crédito: qué déficit fiscal se espera para 2021” (21/02/21, BAE Negocio) “el plan”, explicitado por el Sector Público, es el imprescindible diálogo que mantiene cotidianamente con el SectorPrivado.

Su falta de formulación deja librada al azar, la necesaria confluencia de objetivos que deben darse entre e intra sectores, impidiendo la coordinación decisional entre los agentes económicos y, a su vez, perjudicando la armonía comunitaria.

El abordaje y resolución de la temática inflacionaria “exige el diálogo” (el Plan), y como requisito de origen la concreción por parte del gobierno de los equilibrios macroeconómicos: fiscal y externo.

A partir de allí, el cálculo de los costos totales incurridos para la elaboración de los bienes y servicios ofertados se transforma en un dato clave para la correcta gestión empresarial, generándose por añadidura la base analítica para abordar y resolver los diferenciales negativos de productividad vis a vis el resto del mundo. 

Asimismo, la observancia de una política monetaria consistente permitirá al Sector Privado acceder al financiamiento de capital con una tasa de interés que se encuentre, en orden de magnitud, similar a la internacional y, en conjunción con un adecuado nivel tarifario facilitará el incremento de las transacciones cotidianas.

El “desorden” actual, hace insuficiente cualquier esfuerzo tendiente a alcanzar niveles inflacionarios pertinentes con el objetivo del bienestar general.

Solo el “orden económico” incentivará la búsqueda del consenso indispensable, que permitirá la restauración de un Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (MoDEPyS), con orientación a la producción.

 * Lic. Guillermo Moreno,  Lic. Leandro Cárcamo Manna y Dr. Gastón Bres

Sin rentabilidad no hay paraíso

Tal como expresáramos en La negociación con el FMI: su impacto en la inversión, “el horizonte de certidumbre y los proyectos rentables (financiados entre otros por el ahorro privado nacional en moneda extranjera) son la potencia latente del aparato productivo argentino “. La inversión requiere un plazo de maduración que debe prever la asimilación de los costos (fijos y variables) y la amortización del capital, más un “justo y adecuado” margen de ganancia.

Por el contrario, la infracapitalización de las empresas impide tanto la expansión de la producción como la obtención de una rentabilidad adecuada por el incremento de la influencia de los costos fijos en el total facturado. Así, el nivel de producción de bienes y servicios, junto con su distribución y comercialización final, definen el quantum de actividad económica (AE).

A su vez, “el plan”, como afirmamos en “El plan, la sarasa…”, explicitado por el sector público es imprescindible para “dialogar” con el privado. Allí es donde se manifiesta con precisión “hacia dónde se desea ir”. Incluye el diagnóstico de situación, la prognosis (que alumbra los lineamientos de acción tácticos y estratégicos) y los objetivos que se intentan alcanzar.

Ahora bien, el estado actual de la macroeconomía argentina se caracteriza por la permanencia de la supercrisis, derivada de la conjunción del déficit fiscal total y de la cuenta corriente de la balanza de pagos, que a su vez repercute en lo microeconómico, entre otras consecuencias estafa:

  • una presión excesiva impositiva
  • una tasa de inflación exacerbada que imposibilita el certero cálculo empresarial
  • un crowding out (desplazamiento) del crédito desde el sector privado hacia el sector público.

Impactando todo ello en una franca declinación de la inversión privada que se verifica de forma sustantiva en la disminución de su empleabilidad.

En el marco descripto, el sector público no puede “transformarse” en el vehículo que reemplace la acumulación de capital en el sector privado.

Las acciones de gobierno que deberían equilibrar y darle previsibilidad a la economía nacional, en un camino de reencuentro entre la producción y el trabajo, se contrapone a las acuciantes horas que vive nuestro país.

Local: se vende, alquila o se remata

El cuadro con índices ad hoc (2015 base 100) refleja sucintamente la AE durante el pasado lustro.

El resultado del último ciclo económico denota el retroceso económico y social.

Comparando vis à vis las variaciones de los índices seleccionados concluimos que:

  • la venta minorista cayó en similar proporción al Producto Bruto Interno (PBI), afectando al giro comercial según lo demuestran los cheques rechazados y los locales ofrecidos
  • las empresas aportantes a la seguridad social disminuyeron
  • se incrementó la cantidad de desempleados en el sector privado.

En este contexto, es indispensable que el sector público favorezca el accionar del privado intentando que expanda el volumen de sus transacciones y así modificar la realidad circundante.

Argentina: de negocios de ocasión a “tierra de oportunidades”

Nuestro país, lejos de estar “quebrado”, padece

  • una tasa de inflación mensual del orden del 4%, superior al promedio mundial anual del 3,2% (1),
  • un desempleo (correctamente calculado) del 16,5%, mayor a la media internacional del 6,5% (2)
  • una inversión del 13,8%, menor al promedio mundial del 26,1%1,
  • un riesgo país (1.566 pb) que supera la media (327 pb) de los países comparables
  • una elevada caída del PBI del 14,0% (3) respecto de la merma global del 4,2%.

El desorden económico es la consecuencia de haber desvirtuado las causalidades básicas de la disciplina. Esto generó, entre otros perjuicios, la destrucción (a escalas inéditas) del valor de las compañías, un nivel de inversión inferior al necesario para afrontar la amortización de las máquinas y herramientas utilizadas en el proceso de producción, el desfinanciamiento del aparato productivo, el incremento de la tasa de interés aplicada sobre la deuda externa a pocos meses de su reestructuración y, de manera destacada la sumisión del “hombre de negocios” en una desesperación tal que le impide concentrarse en su “capacidad creadora”.

El momento histórico nos indica que el orden solo se conseguirá con un Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (Modepys) con orientación a la producción que restaure un contexto para que el sector privado, verdadero generador de la riqueza nacional, despliegue su potencial en un sendero que asegure en nuestra patria las oportunidades para todos sus hijos.

* Lic. Guillermo Moreno Dr. Gastón Bres Lic. Leandro Cárcamo Manna