Impuesto a las Ganancias: para la 4ta. categoría, un parche de cuarta

“El hombre debe someter la tierra y dominarla, porque como ´imagen de Dios´ es una persona, es decir, un ser subjetivo capaz de obrar de manera programada y racional, de decidir acerca de sí y que tiende a realizar. Como persona, el hombre es sujeto del trabajo “.  Esto escribió el papa Juan Pablo II en la Carta Encíclica Laborem Exercens.

En este marco, la reciente reforma de la Ley del Impuesto a las Ganancias recepta de manera insuficiente las críticas señaladas en “El salario no es ganancia”  referidas a la necesidad de atenuar la carga impositiva de los trabajadores. Allí, señalábamos que la imposición al trabajo personal, “debe adquirir vigor gradual desde un umbral de bienestar, el cuál podemos identificar en:

  • el escalafón más alto de todos los Convenio Colectivo de Trabajo que entran en la órbita paritaria a nivel nacional, constituyéndose en una suerte de “paraguas protector” sobre todos los asalariados, incluidos aquellos que se encuentran fuera de él, pero con ingresos inferiores al tope y,
  • que las deducciones permitidas se realicen sobre “bases reales”, para evitar gravar sus gastos esenciales y de esta forma propender de manera efectiva a la captación de las grandes rentas que están muy por encima de un nivel adecuado de bienestar. 

Por el contrario, la modificación aprobada (Ley 27.617, modificatoria de la Ley de Impuesto a las Ganancias 20.628) consistió en un incremento de la Deducción Especial, que anula el pago del impuesto para aquellos que obtuvieron un salario bruto de hasta $150.000, escondiendo una severa desigualdad entre los siguientes trabajadores:

  • dependientes que superen el límite propuesto, al no contar con un incremento de la Deducción Especial.La Ley 27617, artículo 6, faculta al Poder Ejecutivo con la potestad de: “definir la magnitud de la deducción adicional prevista en este párrafo en orden a promover que la carga tributaria del presente gravamen no neutralice los beneficios derivados de esta medida y de la correspondiente política salarial” cuando los haberes brutos superen el límite y se encuentren entre éste, y los $ 173.000. A la fecha, se desconoce el mecanismo de atenuación.
  • autónomos que, al haber sido excluidos, son absurdamente discriminados.

La notable inequidad entre iguales (producto de una técnica tributaria deficiente) ya constatada en el denominado “Aporte Solidario”, vuelve a hacerse presente en esta modificación del Impuesto a las Ganancias, con un silencio que aturde.

Igualar hacia abajo no es lo correcto

Un plan económico debe contener, en sincronía, un esquema tributario. Por el contrario, su inexistencia obliga a la implementación de simples “medidas paliativas”.

El Cuadro compara los ingresos brutos y netos (mensual y anual respectivamente) de trabajadores en relación de dependencia, entre ellos y con respecto a un autónomo.

Ahora bien, el umbral teórico del “ingreso protegido” respecto del IG, se logra con la interacción concurrente de dos conceptos fundamentales:

  • un mínimo no imponible que garantice el sustento personal y familiar de un asalariado, propendiendo a la mejora del bienestar material y,
  • una escala progresiva que grave con mayores alícuotas a las más altas categorías.

De lo mencionado, nada ha ocurrido. Se utilizó el “atajo” del incremento de la Deducción Especial, condicionándola solamente a un límite de sueldo bruto de $ 150.000 que funge como una barrera de exclusión, determinando asimetrías para los dependientes que lo sobrepasen.

Asimismo, se verifican peores condiciones para los trabajadores autónomos con igual nivel de ingreso, al no haber sido obtenido en la reforma.

Tal como mencionamos en “Respirar …y también comer. Parte II” se debe terminar con las “medias tintas” y “hacer lo que hay que hacer” que, en este caso, implica desistir de “parches sobre una rueda cuadrada”.

Impuestos justos para una “justa” distribución del ingreso

La carga fiscal que recae sobre los individuos debe estar en armonía con los principios básicos de la tributación: la capacidad contributiva y la equidad horizontal. Su inobservancia a través del uso de extrañas metodologías técnicas conlleva una situación manifiestamente injustas, ya que coloca debajo del “manto” a algunos, y desprotege a otros.

Por lo ut supra mencionado, una correcta normativa del Impuesto a las Ganancias  que contemple, entre otros aspectos, una tasa de imposición razonable, una escala progresiva y un mínimo no imponible plausible, permitir que los trabajadores dependientes y autónomos maximicen la utilización de sus recursos.

Por ello el diálogo, como “constructor” del plan económico entre el Sector Público y el Privado, implica la necesaria búsqueda del consenso en la política tributaria, que prohíja: la redistribución del ingreso y el estímulo de la actividad empresarial al interior del entramado productivo .

De esta forma, las familias incrementarán su patrimonio a partir del ahorro, y las empresas evolucionarán en su envergadura, de micro a pequeñas y si lo desean, a medianas, en un entorno próspero que sustente la ampliación de la base material de la Nación, articuladas sistémicamente, en un Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (MoDEPyS), con orientación a la producción.

* Lic. Guillermo Moreno,  Dr. Gastón Bres y Lic. Leandro Cárcamo Manna

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