Nuestra zona núcleo agroexportadora.

En esta crisis absurda de la nación quizás más rica en recursos naturales de la región, mientras todos sus vecinos tienen economías más o menos estables y producción creciente, nuevamente el gobierno de Alberto Fernandez plantea una confrontación con lo que denomina “el campo”.

El encomillado señala la concepción simbólica engañosa de un agrupado de factores productivos muy dispares.
El llamado “campo” refiere principalmente a la llamada “zona núcleo” de la Pampa húmeda que abarca las provincias de Buenos Aires, sur de Córdoba y Santa Fé y el tercio oriental de la provincia de La Pampa.
Una extensión aproximada de 60 millones de hectáreas con las mejores condiciones edáficas, hídricas y climáticas para el cultivo de las que existen en el mundo.
Junto a zonas de Ucrania, algunas praderas de EEUU y áreas africanas de Angola, son los suelos más productivos del planeta.
Nada que haya construido el hombre, sin duda.

Pero “el campo” no refiere específicamente a la región sino a quienes utilizan sus recursos para producir.
Ello agrupa a cuatro grandes sectores.
En primer lugar el terrateniente, el propietario.
Ese grupo en esa zona es mayoritariamente latifundista, es decir, propietarios de extensiones superiores a las 10.000 has, y algunos hasta más de 100.000 has.
Todos ellos representados por la Sociedad Rural Argentina.
Si bien desde la década de 1980 se viene propalando que esos grandes grupos familiares latifundistas ya casi no existen y que la propiedad se ha atomizado, eso es falso.
Un estudio muy exahustivo realizado por Eduardo Basualdo y Miguel Khavisse en 1993 sobre datos de catastro cruzados cuidadosamente con información fiscal, titulado “El nuevo poder terrateniente”, demostró fuera de toda duda que la propiedad aún sigue estando en manos de los descendientes de aquellas famosas “mil familias” fundadoras de la SRA.
Y que los datos superficiales son sólo una cáscara de subdivisiones ficticias y falsas sociedades anónimas para eludir cargas impositivas. Los dueños siguen siendo los mismos.

La oligarquía terrateniente argentina en la SRA.

En segundo lugar están los productores.
Inversores individuales o societarios -o fondos financieros de siembra- que aportan el capital de trabajo a su riesgo, y coordinan las tareas de laboreo, siembra y cosecha.
En tercero están los contratistas, dueños de maquinaria y equipo que proveen el servicio con sus herramientas.
En último están los trabajadores manuales y profesionales. Peones, capataces, agrónomos, veterinarios.

De todos esos grupos, el privilegiado es el propietario.
Y su sistema de renta es exactamente igual al del sistema feudal precapitalista. Ponen sólo el título de propiedad y se llevan entre el 30% y el 50% de la producción bruta, es decir, sin importar costos, riesgos ni impuestos.
Para tener idea, en la zona núcleo, se firmaron este año contratos de entre 18 y 22 qq/soja/ha (quintales/hectárea), para una producción bruta óptima esperable de 40/45 qq/soja/ha.

Valores de arrendamiento 2022.

Pero llevémoslo a cifras reales para apreciar el negocio.
Un asociado “pobre” de la SRA, que tuviera tan sólo 1.000 has. -casi diríamos lo mínimo como para tener carnet-, con un contrato en el promedio, es decir de 20 qq/soja/ha -ni el mas bajo ni el más alto-, estaría cobrando neto unos 100 millones de pesos al bolsillo antes de impuestos.
Es decir, unos 8.3 millones mensuales.
Si todo se facturara debidamente -lo cual no es la regla-, le quedarían líquidos al bolsillo unos 5 millones de pesos al mes.
Esto, descansando plácidamente mientras espera su ganancia. Y si se trata de los socios promedio con 10 o 20 mil has, mucho más plácidamente aún.
El productor inversor a riesgo, termina llevándose menos que él luego de pagar todos los gastos, si es que todo saliera de manera óptima.

Por esta misma proporción de renta, en 1912 los chacareros de Santa Fe se levantaron y rebelaron en un acto llamado “grito de Alcorta” en el cual se fundó la Federación Agraria para representarlos.
No les alcanzaba para sobrevivir.
Hoy, con la tecnología extractiva y los precios internacionales, aún con ese alquiler les queda buena rentabilidad.
Pero eso no cambia que es un sistema feudal que enriquece absurdamente a un sector ocioso a costa del riesgo y esfuerzo de otro que trabaja y del gradual pero persistente agotamiento de los recursos naturales.
Y como consecuencia encarece el precio de los alimentos de todos los argentinos.
Por ese motivo, el free trader británico David Ricardo los llamó “la clase parasitaria” y promovió su fin en Inglaterra.
No podía existir la industria competitiva y la riqueza capitalista si esa clase feudal obtenía esa renta excesiva.

El grito de Alcorta. Rebelión contra la renta terrateniente excesiva en 1912.

Ahora, si aquel propietario pobre que gana hoy 8 millones mensuales, cobrara 500 o 600 mil pesos por su alquiler…
¿Podría vivir bien?
Sin duda que sí. No con el lujo de hoy, pero aceptablemente.
Y si quisiera vivir mejor, pues trabaja y listo. Nada le impide producir él mismo en su propio campo.
Esa diferencia, sin tocarle la rentabilidad al productor trabajador, debería ir al tesoro nacional para el pago de nuestras deudas, en lugar de empobrecer aún más a jubilados, o a trabajadores que ganan 50 mil pesos, o a empresarios que ya no saben si ganan o pierden.

¿Se puede hacer?
¡Claro que se puede! Es muy sencillo.
Pero se necesita la decisión.

Torombolo.

3 respuestas

  1. La idea es razonable y posible,pero primero se deben valuar las propiedades como corresponde,aplicarle los impuestos que correspondan y recien entonces determinar cuanto deberian.cobrar por el alquiler de la tierra. Si hoy obtienen $8.000.000 no me parece logico que cobren menos del 10%,seria tan aberrante como los $ 8.000.000. Una renta del 10 % es lo normal de cualquier negocio en un pais normal (que es lo que estamos deseando para nuestras futuras generaciones).

    1. Es cierto que una utilidad del 10% sería una buena ganancia dentro de lo razonable para “cualquier negocio en un país normal”, como usted lo expresa Oscar.
      Pero en este caso no estamos refiriéndonos a un negocio productivo sino a la renta de una propiedad, la cual recibe un simple propietario que no hace trabajo productivo alguno.
      No es un negocio en los términos de empresa. No se trabaja para sostener la existencia del suelo. Y si fuese necesario para evitar su deterioro, en todo caso no lo hace el propietario sino el productor que lo trabaja para obtener cosechas.
      Y además, esta renta de propiedad es distinta a la de la propiedad inmobiliaria urbana en la cual hay otros parámetros de consideración.
      El campo productivo es un factor que hace a la riqueza de una nación, del cual depende el alimento del pueblo y la balanza comercial externa. Por tanto, la correcta determinación del límite de su renta hace a los costos primarios de la producción argentina.

      En 1815, David Ricardo publica el libro “Essay on the influence of a low price of corn on the profits of stock”, explicando las causas por las cuales el precio del maíz (alimentos en general) debía ser bajo para que la industria británica pudiera ser la más eficiente del mundo, siguiendo la “Iron law o wages”.
      Si el alimento es barato, el salario puede ser más bajo y aún así alcanzar.
      Eso significó la derogación de las leyes cerealistas, la pérdida de poder de la clase feudal terrateniente -en general nobles- y el ingreso de la Argentina como principal proveedor de alimentos al imperio británico. Ricardo denominó a los terratenientes británicos como la “clase parasitaria” del capitalismo moderno.
      Tanto de importante era este criterio que terminó de definir la escuela económica liberal sobre el valor objetivo, que Carlos Marx adhirió completamente y manifestó su apoyo en su conferencia de Bruselas.

      El potencial productivo de un campo no lo generó quien lo compró o heredó sino Dios o la naturaleza (elija usted lo que prefiera). El dueño sólo es un transitorio poseedor, nada más. Y su retribución por ese simple rol debe existir pero de manera subordinada al interés nacional.
      Entonces, el valor máximo de la renta rural agrícola debe determinarse priorizando el plan productivo de la nación.
      En términos monetarios, hoy el dueño de mil hectáreas en zona núcleo que cobra un alquiler de 20 quintales/soja/hectárea, ronda los 6 millones de pesos mensuales después de impuestos.
      Si cobrara la décima parte aún así la retribución sería justa.

      Pero permitiría tomar esa diferencia para afrontar los pagos externos sin comprometer el desarrollo nacional, protegiendo la rentabilidad del empresario productor y bajando drásticamente el precio de los alimentos para el pueblo.
      Por el otro lado, si eso no se hace y termina colapsando el gobierno y la nación, el dueño corre serio riesgo de perder su propiedad.

      Torombolo.

  2. Como dice GM yo a los 70 años ya no soy un enamorado del amor. Los grandes terratenientes,los grandes industriales NUNCA hicieron esfuerzos patrióticos,ni con guerra mediante. El País se hunde y ellos antes de fundirse se borran . En complicidad con los vendepatrias SIEMPRE zafan. Los discursos en LaRural siempre son quejas sectoriales,nunca hablan de proyectos . Va a ser muy difícil que entiendan una propuesta patriótica. Ojalá me equivoque por el bien de la PATRIA. Le mando un afectuoso saludo.

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