Un modelo de desarrollo económico (cuarta parte): cómo aumentar la competitividad

En la primera entrega de la corriente saga “Un Modelo de Desarrollo Económico”, expusimos el contexto mundial en el cual se insertará. Analizamos allí con precisión, las potencialidades que ofrece el Nuevo Orden Internacional (NOI), poniendo en valor los Vectores de Competitividad (VC) con que contamos para el modelo de desarrollo económico argentino. 

En la segunda nos abocamos a explicitar la importancia de conseguir como condición necesaria, para instaurar el modelo,los Equilibrios Macroeconómicos (EM), fiscal y externo, que permitan su permanencia y sustentabilidad. Y en la tercera, abordamos lo concerniente a los VC, entendiendo que estos abarcan a la distribución de las Rentas Extraordinarias (RE) que obtienen a partir de ejercer la exclusividad de explotación de algún recurso natural”generadas a partir dela producción de algunos alimentos en la pampa húmeda y la explotación de gas y petróleo.

En este cuarto artículo nos ocuparemos en desarrollar la metodología que permitirá “incrementar la competitividad” de nuestro aparato productivo como hecho sistémico; entendiendo que la“Piedra Angular” de la propuesta es la convocatoria al “Segundo Congreso Nacional de la Productividad y el Bienestar Social (CNP)” que logrará con sus conclusiones, sostener en el tiempo al nuevo modelo de desarrollo económico.

El Primer Congreso de la Productividad y su historia

 A partir de la década de los ´50 del siglo pasado, con la recuperación de la economía europea, se comienza a observar en el aparato productivo argentino una acelerada pérdida de competitividad.

La industria británica, francesa, italiana, e incluso alemana, pretende recuperar los mercados perdidos durante la segunda guerra mundial con una agresiva política de precios de exportación a la baja, financiados en el impulso inicial por los éxitos del “Plan Marshall”.

A su vez, condiciones climáticas adversas en nuestro país, habían determinado una considerable disminución de la producción agropecuaria, generando la licuación de los saldos exportables y comprometiendo elequilibrio de la Cuenta Corrientede laBalanza de Pagos.

En este marco y para resolver la restricción externa ut supra mencionada, el gobierno de entonces (presidía Juan D. Perón) decidió convocar al conjunto de los actores económicos a “un esfuerzo sistémico y permanente para la mejora de la competitividad”, a fin de que los bienes y servicios producidos localmente tuvieran estándares de calidad y precios de nivel internacional.  Para conseguir dicho objetivo se convocó, en octubre del ´54, al“Congreso Nacional de la Productividad y el Bienestar Social (CNP)”.

En el lapso que transcurre hasta su inauguración (marzo del ´55) el gobierno, las entidades empresarias y de trabajadores desplegaron una intensa actividad,tendiente a que los múltiples sectores de la economía, de manera concertada, encontraran las mejores propuestas que permitieran arribar al fin buscado.

Luego de profusas deliberaciones que se desarrollaron en el hemiciclo de la Cámara de Diputados del Congreso Nacional, se concluyó en un documento intitulado “Acuerdo Nacional de la Productividad”.  Su implementación se vio truncada, casi al nacer, por el golpe de estado de septiembre de 1955 y la subsiguiente implementación del “Plan Prebisch”.

Una segunda oportunidad

Como ya hemos señalado en “Un modelo de Desarrollo Económico (Primera Parte)”  la revolución energética norteamericana (2003/10) con la puesta en valor de la producción de energía fósil no convencional (shale gas y oil) generó una importante disminución de los costos primos en la industria a escala global.

Así las cosas, fue que para fin del año 2012 y ante un incipiente escenario de restricción externa, que se evidenciaba en nuestro país, se decidió convocar a empresarios y dirigentes sindicales -15 representantes del quehacer empresarial e igual número de dirigentes sindicales- para proponerles que en conjunto diseñaran los mejores planes, programas y proyectos para cada rama de actividad, que permitieran un salto de competitividad en la economía argentina.

Lo primero a definir en cada ámbito específico debían ser los mercados externos de referencia, que fungirían como tea votiva de los participantes involucrados. En el “sector calzado”, los representantes empresariales y sindicales consensuarían si la argentina se especializaría en productos de lujo, en masivos o una combinación de ambos, tomando como referencia internacional el mercado brasileño e italiano. Deberían concluir si estaríamos en condiciones, y de qué manera, de alcanzar los estándares de calidad y precio de esos complejos productivos.

Posteriormente, se crearían las estructuras de financiamiento ad hoc, como así también las modificaciones de los marcos normativos necesarios para el cumplimiento de las metas.  Naturalmente, bajo estas condiciones la ganancia de productividad obtenida debería ser apropiada totalmente por el factor trabajo, ya que en su defecto, se incrementaría el quantum de la plusvalía relativa atentando contra el equilibrado funcionamiento del entramado productivo.

Las circunstancias políticas de la época no permitieron avanzar en su implementación.

Ahora bien, dado el desenlace de la supercrisis vigente, que está en ciernes, la posibilidad de volver a realizar esta convocatoria se materializa como el ámbito propicio para inaugurar un nuevo ciclo económico, que tenga a la producción y el trabajo como sus vectores ordenadores.

Lo proponemos confiados en la afirmación que realiza Francisco en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium en cuanto nos señala que siempre “la unidad prevalece sobre el conflicto”. Solo la mancomunión entre los trabajadores, empresarios y gobiernos (nacionales y distritales) sentará las bases para la construcción del Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (MoDEPyS) orientado a la producción.

* Lic. Guillermo Moreno, junto con el Lic. Pablo Challú, el Lic. Walter Romero y el Lic. Alejandro Alvarez (h.)

Un modelo de desarrollo económico (tercera parte)

Como ya señalamos, en la primera entrega de la corriente saga: “Un Modelo de Desarrollo Económico”, expusimos el contexto mundial en el cual se insertará.

Analizamos allí con precisión, las potencialidades que ofrece el Nuevo Orden Internacional (NOI), poniendo en valor los Vectores de Competitividad (VC) que, como nación, contamos para el modelo de desarrollo argentino.

En la segunda entrega nos abocamos a explicitar la importancia de contar, como condición necesaria para instaurar el modelo, con los Equilibrios Macroeconómicos (EM), fiscal y externo, que permitan su permanencia y sustentabilidad.

Con este marco, en los próximos acápites, abordaremos lo concerniente a los VC; entendiendo que estos abarcan a la distribución de las Rentas Extraordinarias (RE) generadas a partir de:

  • la producción de algunos alimentos en la pampa húmeda.
  • la explotación de los insumos fósiles (gas y petróleo).

El Vector Alimentos

En “Quien debe pagar la deuda”, tomando como fuente un informe del INTA y otro de la Bolsa de Comercio de Rosario, expusimos sobre magnitudes aproximadas de los Márgenes Brutos (MB) presentes en los complejos sojeros, maiceros y trigueros que, a su vez, servirían como referencia para la estimación de la dimensión de las RE en la Pampa Húmeda.

Para ello, nos abocamos en aquel momento, a definir el Costo Total (CT) de la producción de una tonelada (1tn) de soja de primera (U$S 120,19 tomando en consideración los cuatro grandes: insumos, labores y servicios, cosecha y generales) para la campaña 2019/20.

Si a su vez, al precio de venta FOB  (U$S 333 x tn) le descontamos U$S 12,9 x tn, de gastos portuarios más comercialización y los CT, nos da un MB de U$S 200 x tn.

Considerando, que al presente se espera una cosecha estimada (incluyendo otros cultivos: arroz, cebada, centeno, girasol, etc.) de alrededor de 130 millones de tn de cereales y oleaginosas y que, la mayor parte de ella, se obtendrá en la región de la Pampa Húmeda, el agregado de los MB alcanzados en la zona oscilará entre U$S 14 y 15 mil millones.

Ahora bien, el propietario por el alquiler de sus hectáreas exige un tercio de lo producido, que en este caso coincide con la mitad del MB.

Estas RE, a las cuales accede, se ubican en torno de los U$S 7/7.5 miles de millones.

Aplicando, adecuadamente, los Derechos de Exportación (DE) y sancionando la Ley de Arrendamientos Rurales se conseguirá:

  • desalinear el precio de los alimentos domésticos de los internacionales, incrementando el poder adquisitivo de los Ingresos Populares (IP).
  • aumentar la recaudación del Tesoro Nacional (TN) tendientes a obtener el equilibrio fiscal.
  • mantener incólume la rentabilidad empresarial del productor haciendo recaer “la carga” en los terratenientes.

En este contexto, para aquellos que decidan retirarse del “negocio del alquiler de las tierras” se generarán los mecanismos crediticios para que los productores puedan acceder, a precios de mercado, a su propiedad.

Complementariamente con ello, se deja abierta la posibilidad de reconocer “el esfuerzo de los propietarios de la tierra”, con la emisión y entrega de un bono soberano por parte de Poder Ejecutivo.

El Vector Energético

Con la misma metodología utilizada ut supra se pueden obtener las RE del Vector Energético.

Para ello es imprescindible calcular los CT asociados a la exploración y explotación (convencional, no convencional y offshore) del Barril Argentino de Petróleo promedio (BAPp), que se extrae en nuestro territorio y en el mar territorial.

Existe consenso en la disciplina que aquel se encuentra en el orden de los U$S 35 el BAPp. Si, por un lado, a este le agregamos los CT incurridos en la transformación, logística y comercialización, y por otro una ganancia justa y razonable para todos los eslabones intervinientes, se arriba a un precio homogéneo para todo el país de U$S 60 cent. litro x gasoil.

Por equivalencias, este precio de referencia determina el costo en el que incurrirán las empresas y las familias por el consumo y uso de todos los componentes de la matriz energética.

De esta manera las RE petroleras se derramarán, en forma armónica, sobre toda la sociedad ya que:

  • redundarán en una mejora ostensible de la rentabilidad empresaria y
  • coadyuvarán, también, a expandir el poder adquisitivo de los IP.

En síntesis, la baja de los costos primos de los bienes y servicios producidos (con el subsecuente impacto positivo en la rentabilidad por unidad vendida) genera los incentivos para la oferta “plus”, capaz de satisfacer el incremento de demanda derivada del crecimiento del poder de compra de los IP, consolidándose de esta manera un Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (MoDEPyS) con orientación a la producción.

* Lic. Guillermo Moreno, Lic. Pablo Challú, Lic. Walter Romero y Lic. Alejandro Alvarez (h.)

Un modelo de desarrollo económico (segunda parte)

En la primera entrega de la corriente saga: “Un Modelo de Desarrollo Económico”, expusimos el contexto mundial en el cual se insertará. Analizamos con precisión las potencialidades que ofrece el nuevo marco de relaciones internacionales, poniendo en valor los vectores nacionalesi para el modelo de desarrollo argentino.

En esta segunda entrega, nos abocaremos a explicitar la importancia de contar con los equilibrios macroeconómicos que permitan su permanencia y sustentabilidad.

Dado este marco, en los próximos acápites abordaremos el equilibrio fiscal necesario para financiar los gastos corrientes (evitando el endeudamiento local e internacional para ese fin), y el externo que posibilitará la generación de las divisas indispensables para el funcionamiento del aparato productivo.

Equilibrio Fiscal

Los registros contables del Tesoro Nacional (TN) adecuados a los estándares internacionales, diferencian entre:

  • los ingresos y egresos vinculados al funcionamiento de la administración pública (lo fiscal primario) y
  • las erogaciones necesarias para atender el pago de los intereses de la deuda iii(lo fiscal financiero).

Naturalmente el primero de los puntos puede tener resultado positivo, neutro o negativo; el segundo, por cierto, en el presente y en los próximos años solo será negativo.

De allí surge la importancia de obtener un Superávit Fiscal Primario (SFP), porque es la única manera de encontrar el Equilibrio Fiscal (EF = SFP – Intereses de la Deuda Publica

Ahora bien, el SFP se genera en pesos, pero una parte de los compromisos de la deuda es en dólares; por lo cual el TN debe hacerse de las divisas en el Mercado Único de Cambios (MUC) o producir el intercambio de monedas en el Banco Central de la República Argentina ( BCRA).

En el mediano plazo el orden de magnitud que debe alcanzar el SFP se ubica en el entorno de los U$S 10/12 mil millones por año. El sistema financiero ampliado domestico podrá fondear con un máximo de 3/4% del PBI el déficit fiscal (en corto plazo) hasta que se alcance la meta del SFP.

Señalamos, oportunamente, en “¿Quién debe pagar la deuda?”  que: “… en la campaña en curso se espera una cosecha estimada de alrededor de 130 millones de toneladas de cereales y oleaginosas, y que, aproximadamente el 80% de ella se obtendrá en la región de la Pampa Húmeda, generándose en la zona mencionada unos Márgenes Brutos (MB)v que oscilarán entre U$S14 y 15 mil millones”.

Es allí donde la aplicación de los Derechos de Exportación (DE), en su doble función tanto recaudatoria como reguladora del precio interno de los alimentos, sumada a una Ley de Alquileres que reduzca los precios del arrendamiento y de este modo mantenga constante la rentabilidad del productor (ex ante de la aplicación de los DE), emerge como una herramienta apta para la obtención de recursos en aproximadamente la mitad del MB.

A su vez, es dable señalar, que la reactivación de la economía permitirá generar el incremento recaudatorio que sumado a los DE determinará el necesario EF.

Equilibrio del Sector Externo

El saldo de la Cuenta Corriente (CC) de la Balanza de Pagos, determinado por el de sus componentes, definirá la sustentabilidad, en el tiempo, del esquema económico.

Integran la CC las denominadas:

  • Balanza Comercial (BC): diferencia entre el cobro y el pago de exportaciones e importaciones de bienes.
  • Balanza de Servicios (BS); saldos entre ingresos y egresos monetarios generados por seguros, fletes, turismo, aplicaciones informáticas y otros.
  • Balanza de Transferencias Unilaterales (BTU): remesas, donaciones o ayudas monetarias a no residentes.
  • Balanza de Rentas (BR): que recoge todos los ingresos y egresos generados por los factores productivos nacionales en el exterior, o de sus titulares no residentes en nuestro país.

Del repaso de las cuatro componentes se desprende la importancia central del superávit de la BC, de tal manera que compense los saldos negativos (prácticamente estructurales) de las otras tres.

Ahora bien, la política económica tiene que direccionarse para conseguir dicho objetivo, que en orden de magnitud presenta un piso de U$S 15 mil millones.

Los instrumentos a utilizar, entre otros, son básicamente:

  • Un Tipo de Cambio Competitivo, que permita la expansión en terceros mercados de la producción local y
  • Una Administración del Comercio Exterior (ACE) que favorezca prioritariamente la generación del empleo doméstico.

En síntesis, la búsqueda y posterior consolidación del equilibrio macroeconómico es la condición indispensable para que, el Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (MoDEPyS) orientado a la producción, consiga que los frutos del trabajo alcancen a todas las familias que habitan estas tierras.

* Lic. Guillermo Moreno, Lic. Pablo Challú, Lic. Walter Romero y Lic. Alejandro Alvarez (h).

Un modelo de desarrollo económico (primera parte)

Hay notorias diferencias entre un modelo de “Crecimiento” y uno de “Desarrollo”.

El primero solo aspira a la expansión del Producto Bruto Interno (PBI); mientras que un Modelo de Desarrollo debe proponerse:

  • el crecimiento de la economía
  • la justa distribución del ingreso
  • la erradicación de la pobreza y
  • una tasa de desocupación que no supere el 3% de la Población Económicamente Activa (PEA), entre otros aspectos.

Con este marco, en artículos anteriores, nos hemos dedicado a abordar la temática de las ideas fuerza centrales de algunos posibles modelos que, con mayor o menor entidad, se intentan implementar en nuestra patria.

Como ejemplo, podemos señalar lo manifestado en “La Socialdemocracia no es solución” (BAE Negocios, 24/07/2020), donde se precisó que el pretendido abandono del cálculo sistemático de los costos para la determinación de los precios (teoría subjetiva del valor), genera una indeterminación de los márgenes de producción y comercialización en los distintos eslabones intervinientes.

Ante este inconveniente se incentiva la competencia interempresaria, al interior del mercado doméstico, tendiendo a minimizar aquellos “márgenes indeterminados” .

Ahora bien, en nuestro país, por el tamaño de la economía, existen mercados donde la oferta de algunos bienes y servicios es muy concentrada. El remedio, para esta doctrina, es una apertura irrestricta a la competencia extranjera, que se instrumenta a partir de los acuerdos internacionales de comercio.

Finalmente, el colofón de este proceso es la desestructuración del aparato industrial argentino.

También en “El Modelo Brasileño tampoco es solución” (BAE Negocios 10/08/2020) vimos que la pobreza estructural es su piedra angular, siendo la que permite:

  • Maximizar la tasa de ganancia del capital;
  • Ampliar los saldos exportables (a partir del infra consumo de los vastos sectores empobrecidos) y su consecuente acumulación de reservas en el Banco Central de Brasil;
  • Mantener bajos los salarios reales y
  • Disciplinar las organizaciones sindicales impidiendo, a diferencia del caso argentino, la estructuración de un Movimiento Obrero Organizado vigoroso como actor central en la puja por la distribución del ingreso.

A partir de clarificar lo que no es pertinente, se hace perentorio iniciar con este, una serie de artículos, en los cuales queremos exponer los elementos constitutivos que plasmen el desarrollo económico en nuestro país.

El Nuevo Orden Internacional (NOI)

Toda política económica debe necesariamente, tomar como marco de referencia las complejidades que se observan en un mundo en constante mutación, so pena de resultar descontextualizada.

Hacia fines de la década de los 80 del siglo pasado el colapso de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), determinó el fin de la guerra fría y la irrupción de la globalización como nuevo método de interrelación entre las naciones de la urbe.

Este proceso se consolidó con las “recomendaciones para el buen gobierno” derivadas del llamado “Consenso de Washington”, redactadas con una claridad meridiana, tanto por gobiernos neoliberales como socialdemócratas imperantes en la época.

Sus consecuencias, desgarradoras para la humanidad toda, fueron la concentración del ingreso en pocas familiasii y el aumento de la marginación y la pobreza.

Una de las primeras voces relevantes que confrontan con esta visión, ha sido la del Papa Francisco; quien en el 2015 en Santa Cruz de la Sierra Bolivia dice: “El nuevo colonialismo adopta diversas fachadas.tratados denominados «de libres comercio» y la imposición de medidas de «austeridad» que siempre ajustan el cinturón de los trabajadores y de los pobres.”

A partir de allí se sucedieron diversas reacciones donde “lo nacional” se impone a “lo global”.

La elección de Donald Trump en los Estados Unidos de Norte América con su consigna “American First”, es el punto culminante de dicho proceso.

Las opciones nacionalistas ganan terreno derivando al arcón de los recuerdos al antiguo orden global y sus instituciones reguladoras: la Organización Mundial del Comercio (OMC), y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

El Nuevo Orden Internacional (NOI), funge como el sistema de interrelación entre las naciones, mientras se disputa la “tercera guerra mundial en cuotas”.

Cada batalla de esta confrontación definirá a los ganadores o perdedores en función del crecimiento o decrecimiento de su tasa de desocupación.

Este nuevo escenario abre importantes posibilidades para la toma de decisiones autónomas ya que nos encontramos ante una oportunidad única, para que irrumpa en la Argentina un nuevo ciclo económico de producción y trabajo.

El carácter del Modelo

En nuestro país, la idea de que el gerente de producción debe ser más importante en la estructura organizacional empresaria, que el de finanzas, después de algunos años dubitativos, finalmente se ha impuesto.

Sin embargo, ello no es garantía de que las mieles de este cambio impacten en los diversos sectores poblacionales.

Para que sea efectivamente así, debemos derramar en el conjunto del entramado productivo las Rentas Extraordinarias (RE) de nuestra economía.

Que oportunamente hemos definido como:

“Aquellos beneficios redundantes, que se generan en el mercado, independientemente del trabajo humano, y se obtienen a partir de ejercer la exclusividad de explotación de algún recurso natural”

Específicamente nos referimos al vector energético vinculado al insumo de origen fósil (gas y petróleo) y algunos alimentos de consumo masivo cuya producción se realice sobre tierras arrendadas en la pampa húmeda.

El set de precios relativos que se deriven “de derramar o no las RE” determinará que el nuevo modelo de producción y trabajo sea solo de crecimiento, a la usanza brasileña y por lo tanto de exclusión de prácticamente el 25% de nuestra población, o incluya, como desea entre otros Su Santidad, al conjunto del Pueblo Argentino.

En este último caso, el esfuerzo coronará con un Modelo de Desarrollo Permanente y Sustentable (MoDEPyS) con orientación a la producción.