Símbolo y Totem.

La anulación de la razón crítica.

La comunicación humana se sustenta en signos y símbolos.
El signo es un fonema o un grafismo que se asocia por convención a un hecho, objeto, fenómeno o concepto, en general de manera únivoca o restringida.
Cuanto más precisos y restringidos sean los significados, es decir los contenidos evocados por los signos, tanto más fina y precisa es la comunicación y menor el margen de errores de interpretación.
La matemática sería el lenguaje más preciso.
El idioma hablado o escrito tiene niveles de precisión según el emisor se apegue más o menos a significantes con una sóla posible interpretación.

El símbolo es un indicador comunicacional mucho más ambiguo.
Su característica es que evoca en el receptor ideas generales con amplia libertad de interpretación. Algunos pueden tomarlos en un sentido y otros en otro distinto.
Y esa discrepancia puede llegar a ser muy grande.
Cuantos más simbolismos incluyamos en un mensaje, tanto menos preciso será y tanta mayor la probabilidad de error de interpretación.

El concepto de “la dictadura” es un símbolo, en especial para la tendencia política progresista.
Claro que el mismo concepto de “progresismo” es un símbolo también, dado que la mayoría de sus simpatizantes no tienen en claro su rango de concepción.
Una doctrina es precisamente un conjunto de principios, objetivos, fines y medios, que ordena una tendencia política. Conociéndola, dos individuos distintos y desconocidos no tienen duda alguna respecto de sus coincidencias y rumbos.
Un gobierno progresista puede hacer exactamente la misma economía que uno “neoliberal” sin que sus seguidores lo comprendan. No hay doctrina.
Pero sí coinciden en algo: están contra “la dictadura”.

Un ejemplo de esto es la consigna “Macri, sos la dictadura”.
El uso simbólico, dado que no hay modo de calificarlo así sin ingresar en una incongruencia lógica. Macri no hizo represión política y mucho menos ordenó desapariciones, torturas o asesinatos.
Por mucho que fuercen circunstancias como la de Santiago Maldonado o las invocaciones del “gatillo fácil” de la izquierda y el CORREPI, es imposible equipararlos a la represión de 1976.
Claro, alguno podría aducir que sus criterios económicos sí coincidían con los de Martínez de Hoz, lo cual es cierto.
Pero resulta que la Alianza hizo una economía similar -hasta convocó a Domingo Cavallo-, e inclusive en estos dos años y medio, el Frente de Todos hizo el mismo ciclo con pequeños retoques poco relevantes.
Pero a ellos no los colocan en esa categoría.
Para el progresismo, “la dictadura” evoca el mal indiscutible pero de un modo indefinido, ambiguo, superficial. Con su simple mención se representa en la mente del receptor la imagen del demonio mismo.

Equiparar lo diferente.

Siguiendo esa simbología y los criterios institucionales, la revolución de 1943 sería tan “la dictadura” como la de Videla.
Lo mismo en su representación mental.
Sin embargo, de ese proceso salió el peronismo que estableció los principios de soberanía política, independencia económica y justicia social, los cuales -así les gusten o no- son contrapuestos a la liberalización subjetiva y la instalación de la “patria financiera” de 1976.
Inclusive si comparamos entre países, en ese año Corea del Sur también tenía “la dictadura” bajo el poder del general Park Chung Hee, pero aquel, aplicando una concepción nacionalista y proteccionista, logró desarrollar su producción y elevar su nación al nivel de potencia industrial.
En el mismo período nuestros militares destruyeron la industria nacional promoviendo el consumo de productos importados.

Nuevamente criterios y resultados diferentes, encuadrados en el mismo símbolo expresivo.

Ciertamente “la dictadura” puede aplicar a procesos completamente diferentes.
Pero para el sector progresista -aún luego de cuarenta años y con casi todos sus protagonistas muertos- la invocación de “la dictadura” constituye un totem poderoso en la cohesión de voluntades.
Ellos la mantienen viva en su glosario y arsenal de recursos.
Es el símbolo que habilita su propia manipulación mental y la inducción ajena a repetir errores una y otra vez.
La consigna “para echar a Macri” con la cual llegó este gobierno es ejemplo de ello, en especial cuando ya comienzan con “para que no vuelva Macri” con miras a 2023.

Irónicamente, así “la dictadura” logra sus verdaderos objetivos.

Torombolo.

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