Sin rentabilidad no hay paraíso

Tal como expresáramos en La negociación con el FMI: su impacto en la inversión, “el horizonte de certidumbre y los proyectos rentables (financiados entre otros por el ahorro privado nacional en moneda extranjera) son la potencia latente del aparato productivo argentino “. La inversión requiere un plazo de maduración que debe prever la asimilación de los costos (fijos y variables) y la amortización del capital, más un “justo y adecuado” margen de ganancia.

Por el contrario, la infracapitalización de las empresas impide tanto la expansión de la producción como la obtención de una rentabilidad adecuada por el incremento de la influencia de los costos fijos en el total facturado. Así, el nivel de producción de bienes y servicios, junto con su distribución y comercialización final, definen el quantum de actividad económica (AE).

A su vez, “el plan”, como afirmamos en “El plan, la sarasa…”, explicitado por el sector público es imprescindible para “dialogar” con el privado. Allí es donde se manifiesta con precisión “hacia dónde se desea ir”. Incluye el diagnóstico de situación, la prognosis (que alumbra los lineamientos de acción tácticos y estratégicos) y los objetivos que se intentan alcanzar.

Ahora bien, el estado actual de la macroeconomía argentina se caracteriza por la permanencia de la supercrisis, derivada de la conjunción del déficit fiscal total y de la cuenta corriente de la balanza de pagos, que a su vez repercute en lo microeconómico, entre otras consecuencias estafa:

  • una presión excesiva impositiva
  • una tasa de inflación exacerbada que imposibilita el certero cálculo empresarial
  • un crowding out (desplazamiento) del crédito desde el sector privado hacia el sector público.

Impactando todo ello en una franca declinación de la inversión privada que se verifica de forma sustantiva en la disminución de su empleabilidad.

En el marco descripto, el sector público no puede “transformarse” en el vehículo que reemplace la acumulación de capital en el sector privado.

Las acciones de gobierno que deberían equilibrar y darle previsibilidad a la economía nacional, en un camino de reencuentro entre la producción y el trabajo, se contrapone a las acuciantes horas que vive nuestro país.

Local: se vende, alquila o se remata

El cuadro con índices ad hoc (2015 base 100) refleja sucintamente la AE durante el pasado lustro.

El resultado del último ciclo económico denota el retroceso económico y social.

Comparando vis à vis las variaciones de los índices seleccionados concluimos que:

  • la venta minorista cayó en similar proporción al Producto Bruto Interno (PBI), afectando al giro comercial según lo demuestran los cheques rechazados y los locales ofrecidos
  • las empresas aportantes a la seguridad social disminuyeron
  • se incrementó la cantidad de desempleados en el sector privado.

En este contexto, es indispensable que el sector público favorezca el accionar del privado intentando que expanda el volumen de sus transacciones y así modificar la realidad circundante.

Argentina: de negocios de ocasión a “tierra de oportunidades”

Nuestro país, lejos de estar “quebrado”, padece

  • una tasa de inflación mensual del orden del 4%, superior al promedio mundial anual del 3,2% (1),
  • un desempleo (correctamente calculado) del 16,5%, mayor a la media internacional del 6,5% (2)
  • una inversión del 13,8%, menor al promedio mundial del 26,1%1,
  • un riesgo país (1.566 pb) que supera la media (327 pb) de los países comparables
  • una elevada caída del PBI del 14,0% (3) respecto de la merma global del 4,2%.

El desorden económico es la consecuencia de haber desvirtuado las causalidades básicas de la disciplina. Esto generó, entre otros perjuicios, la destrucción (a escalas inéditas) del valor de las compañías, un nivel de inversión inferior al necesario para afrontar la amortización de las máquinas y herramientas utilizadas en el proceso de producción, el desfinanciamiento del aparato productivo, el incremento de la tasa de interés aplicada sobre la deuda externa a pocos meses de su reestructuración y, de manera destacada la sumisión del “hombre de negocios” en una desesperación tal que le impide concentrarse en su “capacidad creadora”.

El momento histórico nos indica que el orden solo se conseguirá con un Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (Modepys) con orientación a la producción que restaure un contexto para que el sector privado, verdadero generador de la riqueza nacional, despliegue su potencial en un sendero que asegure en nuestra patria las oportunidades para todos sus hijos.

* Lic. Guillermo Moreno Dr. Gastón Bres Lic. Leandro Cárcamo Manna Publicado en BAE Negocios el 28-03-2021

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