Sobre la electricidad: “hágase la luz”

La relevancia del nivel tarifario, dentro sector energético, está conferida por ser uno de los principales vectores de competitividad como detalláramos en “La política energética y el segundo mejor negocio“, BAE Negocios del 14 de marzo. El otrovector es el alimenticio, con “bienes salarios”, de calidad homogénea y precios internacionales que definen el poder adquisitivo de los ingresos populares.

Por lo tanto, su correcta determinación, basado en un pormenorizado estudio de costos, impulsará:

  • la actividad económica, dado que constituye un insumo difundido para la producción,
  • la industria manufacturera, promoviendo su hegemonía dentro del mercado interno y el incremento de su participación en los externos, a partir de la merma de los costos primos y el aumento de la competitividad sistémica,
  • los ingresos fiscales, debido al mejor desenvolvimiento económico local como también al crecimiento del intercambio comercial internacional y,
  • el ingreso disponible de las familias, consecuencia del menor gasto en el servicio recibido.

Considerando lo ut supra mencionado, abordaremos el estado de situación del subsector eléctrico, para luego adentrarnos en el diseño de su estructura de costos.

Ajustando “el foco” sobre la última década

De manera sucinta, el Cuadro presenta un conjunto de variables en rededor de lo acontecido desde el 2011 al presente.

Fuente: CAMESSA, ENRE, Instituto Argentino de Energía, Secretaría de Energía

De su lectura, podemos inferir, entre otras observaciones, las siguientes:

  • la variación (9,3%) del consumo eléctrico es inferior al crecimiento (10,0%) vegetativo de la población,
  • la disminución del valor del Cargo Fijo (indistintamente del consumo y devengando mensualmente) estaría compensando por un quantum superior de usuarios,
  • los mayores subsidios reales, respecto del Producto Bruto Interno (PBI), vis à vis una escasa transparencia de la estructura de costos de las usinas generadoras y,
  • el alza del Cargo Variable, en moneda constante, de entre 3 a 4 veces el valor existente en el año base.

Por ello, es imperativo que la matriz energética sea funcional tanto a una distribución progresiva del ingreso como al incremento de la competitividad del entramado empresarial.

Iluminando el futuro

Oportunamente, como explicáramos en “La socialdemocracia no es solución” publicado en BAE Negocios el 27 de julio, para los inicios de la década de los ´90 se abandonó el discurso clásico, de tarifas asociadas a los costos, en favor de una narrativa de profunda ligazón con el pensamiento económico “neoliberal” o “socialdemócrata”, donde la competencia determina los precios.

De esta manera, el valor del servicio o bien, se fijaría entre aquello que oferente y demandante pactasen entre sí.

Esta perspectiva “subjetiva del valor” no se impuso al interior de las empresas que producen para el mercado, ya que siguieron calculando sus costos totales. Ahora bien, parecería ser que aquellas personas jurídicas que lucran con la concesión de servicios públicos, evitan realizarlos o en su defecto darlos a conocer.

Sería imperioso que las compañías que conforman los distintos eslabones del subsistema eléctrico incorporen la práctica de calcularlos.

¿Podrían acometer la tarea, las empresas generadoras? ¡Sí!, considerando las características tecnológicas de cada una de ellas, dado que:

  • las térmicas, no presentan mayores dificultades para el cálculo de los costos (tanto los fijos como los variables resultan de los asientos contables), y a su vez las amortizaciones de los equipos utilizados poseen una vida útil definida y un precio cierto en el mercado,
  • en las hidráulicas, la amortización de la obra no debería computarse, ya que la inversión fue del Poder Ejecutivo en una planificación plurianual. El resto de los costos (incluidos los de mantenimiento), se registra en los estados contables,
  • las renovables, presentan las mismas características para su análisis que las usinas térmicas descriptas anteriormente y, por último,
  • las nucleares, replican en su estructura de costos, el caso de las hidráulicas. En Atucha III, se invertiría 7.900 millones de dólares para obtener una potencia de 1.000 Mw

El siguiente eslabón del sector: transporte, debe incluir en su cuantificación, amén de sus costos (fijos y variable), el desarrollo, la construcción y el mantenimiento de la red de alta y media tensión.

Finalmente, la distribución, proveedor del servicio a la “última milla”, asienta sus costos totales en los registros financieros y contables.

Va de suyo que, para definir el nivel tarifario final, a cada una de las compañías integrantes de los tres segmentos del subsistema de energía eléctrica, se le debe adicionar, a los Costos Totales, una suma correspondiente a la tasa de ganancia, justa y razonable, sobre el Capital Total Empleado (CTE), que es el capital aportado por los accionistas o el mercado (financiero o no), para la fundación, desarrollo y consolidación de la empresa.

Asimismo, se requerirán organismos de control profesionales, sin conflicto de intereses, con una Dirección donde estén representados: la nación, las provincias, los trabajadores organizados, el mundo académico y los usuarios.

En este marco, el capital controlante de las empresas no es lo relevante, para que el sistema funcione en el entorno descripto deberá estar integrado de manera armónica en un Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (MoDEPyS), con orientación a la producción.

Lic. Guillermo Moreno, Lic. Leandro Cárcamo Manna y Dr. Gastón Bres

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.